domingo, 13 de junio de 2010

MIS DOS TESOROS

3 comentarios:

  1. Desde mi punto de vista acerca de su temática puedo resaltar que el sufrimiento habla, llama, y descubre quienes somos realmente, nos ofrece una sorprendente claridad sobre nuestro propio ser y sobre nuestro estado, nos hace volver a la realidad. Por eso no merece la pena de engañarse ni engañar a nadie. El sufrimiento hay que afrontarlo, hay que sentirlo. ¿Sufres? Luego existes. ¿Te duele? Luego tienes una oportunidad única para crecer, porque se te ha revelado quien eres, tus carencias, tus debilidades. Huir del sufrimiento es perder una oportunidad única para retomar la propia vida de modo intenso.
    La aceptación de la situación conflictiva y la del sufrimiento constituyen el supuesto fundamental de todo progreso personal, pues crecer como persona es caminar hacia donde estamos llamados desde lo que somos y desde lo que hay en nuestra vida, es decir, partiendo de que las cosas están como están y son como son. Para esto se ha de admitir que la realidad es como es, asumiéndola consciente y voluntariamente, sin ocultarla, sin huir de ella ni eludirla, afrontándola y, en caso de ser dolorosa, soportándola creativamente.
    La aceptación comienza por uno mismo: por quien soy, por mi temperamento y carácter, mis capacidades y limitaciones, mi propia historia... ¡y mi llamada! De lo contrario, viviré desde las máscaras, desde los personajes que represento. La aceptación también abarca la situación en la que se está, no para conformarse con ella, si es que puede ser cambiada, sino para caminar hacia el futuro a partir de ella. Si mi hijo tiene un problema, lo tiene. Si hay esta situación en casa, la hay. Nada puede cambiar si no reconozco en qué situación estoy y dónde estoy.
    Si analizamos nuestra vida desde una perspectiva espiritual nos daremos cuenta que cada uno de nosotros no es un signo de interrogación, sino que esta tiene continuidad y sentido. Aún aquellas cosas que tildamos de malas o negativas, o que no podemos explicar, han tenido su propósito. De ellas hemos aprendido y por ellas hemos crecido.

    Por último, hay de aceptar el sufrimiento. La huida del mismo inevitable bloquea el propio crecimiento, porque es huida de la realidad. Incluso el alivio del sufrimiento inevitable puede pasar por su aceptación y por la libre entrega a él. Sólo atreviéndonos a caminar por las sombrías vaguadas del dolor es posible caminar hacia la alegría, sólo por la oscuridad vamos a la luz.
    También es importante acotar en otro orden de ideas que en la actualidad la ignorancia no se acepta como valor y, aunque se subraya su carácter de valor negativo, no obstante se procura aplicar en muchas modalidades de la acción social. El conocimiento en su referente contiene un estado de ignorancia o desinformación, que admite por tanto muchos grados y matices hasta llegar a una situación de conocimiento adecuado que pueda sostener una afirmación de conocimiento válido. La juventud actual no lee, sólo se atreve a comprometerse con lecturas breves con significados concretos porque como no saben ni escribir ni leer tienen mucha dificultad para concentrarse en la lectura.

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  2. Desde mi punto de vista acerca de su temática puedo resaltar que el sufrimiento habla, llama, y descubre quienes somos realmente, nos ofrece una sorprendente claridad sobre nuestro propio ser y sobre nuestro estado, nos hace volver a la realidad. Por eso no merece la pena de engañarse ni engañar a nadie. El sufrimiento hay que afrontarlo, hay que sentirlo. ¿Sufres? Luego existes. ¿Te duele? Luego tienes una oportunidad única para crecer, porque se te ha revelado quien eres, tus carencias, tus debilidades. Huir del sufrimiento es perder una oportunidad única para retomar la propia vida de modo intenso.

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